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Todo es tan dificil

la verdad no se como comenzar a explicar lo que se cuece dentro de mi, siento algo... mejor, siento ambas cosas... por un lado siento la necesidad de matar a mis principos, dejarlos en un arcen y salir corriendo, y con mis princios todo lo qe tengo tras de mi.. una parte crucial. Por otro lado soltaria a la bestia... la dejaria correr salvajemente por el trazo de tus caderas, de tu pelo y de tus manos... pero hay un escudo que me impide pasar.. creo que siento miedo.. por ti, por mi, por los dos por fracasar... la confusion me invade y el miedo se transforma en deseo.. el deseo en lastima de mi por ser tan tonta.. pensar que podria haber algo mas en un simple lecho de lujuria.. todo se desvanece y me vuelvo a encontrar sola en mi habitacion... me doy la vuelta y vuelvo a dormir.. esperando ver si vuelvo a soñar contigo.

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Prisionera

Se sentía prisionera en una cárcel de mentira, con rejas de papel que no rompía por miedo a cortarse con las finas capas de algo que un día fue vida.  Podía rasgar ese papel cuando quisiera y, sin embargo, cada vez que su corazón se resquebrajaba con el siguiente engaño, mas difícil le suponía. Quisiera saber por qué cuando la tuve delante de mi, no le dije las cosas claras, por qué no le planté las mentiras que escribían en su espalda, por qué no fui yo misma la que debilitó las rejas de papel con el agua de la verdad para que pudiese salir. Pero una vez mas me demostró que la débil no era ella, sino yo. Así pues se planto una sonrisa, se bebió una botella de vodka llena de valor y con un tacón reventó esa cárcel.  Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrió, al mirarse al espejo que nos parecíamos, aunque ella era quien de verdad aguantaba los cimientos de mi vida, y que yo en realidad solo pintaba la fachada.
A veces te miro, te siento, te añoro A veces me pregunto por qué, por qué si, por qué no A veces rio, a veces lloro, o sigo indiferente A veces cuento las horas, los minutos, y segundos A veces creo en ti, en mi, en los dos, en ninguno A veces incluso creo que te quiero...
Son dos cuerpos desnudos en la hierba, que acompañan el rugido del silencio, el oleaje del viento y el sentir de la naturaleza rozando sus espaldas. Son dos cuerpos enamorados desde la más tierna infancia, y que comparten su vida hace años, confidencias, experiencias, e incluso las arrugas de sus pieles resentidas por el paso del tiempo, que es implacable. Ella, con la triste enfermedad del olvido y él con la simple alegría de tenerla día a día. Los dos juntos como han estado los últimos 70 años, mueren lentamente desnudos en la hierba.