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Aquel piano de ojos celestes

Como saber cuándo hablarte, cuando mirarte y cuando sonreírte si siempre estás en tu máxima concentración presionando esas teclas de un piano…


En ese momento solos… nada nos interrumpe y solo escucho una leve melodía que salen de unas pequeñas y frágiles manos, poderosas a veces para acaparar la atención y capaz de producir tanto una música calmada y dulce, como una desenfrenada y loca.


Unos ojos celestes, penetrantes y de mirada profunda me hace pequeña en mi hundido pensamiento y de nuevo al mundo. Gente nos rodea y todo acaba, todo es un sueño.


Sin embargo me encuentro dudando pues tus manos siguen ahí en esas teclas de piano pero el ruido de la gente nos embriaga y todo acaba…

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Prisionera

Se sentía prisionera en una cárcel de mentira, con rejas de papel que no rompía por miedo a cortarse con las finas capas de algo que un día fue vida.  Podía rasgar ese papel cuando quisiera y, sin embargo, cada vez que su corazón se resquebrajaba con el siguiente engaño, mas difícil le suponía. Quisiera saber por qué cuando la tuve delante de mi, no le dije las cosas claras, por qué no le planté las mentiras que escribían en su espalda, por qué no fui yo misma la que debilitó las rejas de papel con el agua de la verdad para que pudiese salir. Pero una vez mas me demostró que la débil no era ella, sino yo. Así pues se planto una sonrisa, se bebió una botella de vodka llena de valor y con un tacón reventó esa cárcel.  Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrió, al mirarse al espejo que nos parecíamos, aunque ella era quien de verdad aguantaba los cimientos de mi vida, y que yo en realidad solo pintaba la fachada.
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