Ir al contenido principal

Tanta luz















Eres tanto. 
Eres vida, eres belleza, eres voz, 
eres un trozo de cielo entre el infierno de la gente. 
Un trozo de agua entre el desierto de las dudas.
No sé cómo hacer para estar en tu cielo y saciar 
mi sed con tu alma, pura y cristalina, que se reflejan
en unos ojos tímidos y cerrados cuando me besas,
y profundo cuando hablas. Yo no escucho solo
te miro, contemplo tu belleza propia de un adonis 
griego y que es pecado.
Yo, una furia sin control dentro del caos de la mismísima caja de la diosa Pandora.
Tu, que pones calma en mi Athenas. 
Ante tu templanza mi corazón deja de palpitar con la furia que me domina
y no me hace responsable de mis actos.
Miro tu aire de grandeza y mi mundo se hace pequeño, 
insignificante, mi existencia es mísera y solo estas Tú.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Prisionera

Se sentía prisionera en una cárcel de mentira, con rejas de papel que no rompía por miedo a cortarse con las finas capas de algo que un día fue vida.  Podía rasgar ese papel cuando quisiera y, sin embargo, cada vez que su corazón se resquebrajaba con el siguiente engaño, mas difícil le suponía. Quisiera saber por qué cuando la tuve delante de mi, no le dije las cosas claras, por qué no le planté las mentiras que escribían en su espalda, por qué no fui yo misma la que debilitó las rejas de papel con el agua de la verdad para que pudiese salir. Pero una vez mas me demostró que la débil no era ella, sino yo. Así pues se planto una sonrisa, se bebió una botella de vodka llena de valor y con un tacón reventó esa cárcel.  Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrió, al mirarse al espejo que nos parecíamos, aunque ella era quien de verdad aguantaba los cimientos de mi vida, y que yo en realidad solo pintaba la fachada.
A veces te miro, te siento, te añoro A veces me pregunto por qué, por qué si, por qué no A veces rio, a veces lloro, o sigo indiferente A veces cuento las horas, los minutos, y segundos A veces creo en ti, en mi, en los dos, en ninguno A veces incluso creo que te quiero...
Son dos cuerpos desnudos en la hierba, que acompañan el rugido del silencio, el oleaje del viento y el sentir de la naturaleza rozando sus espaldas. Son dos cuerpos enamorados desde la más tierna infancia, y que comparten su vida hace años, confidencias, experiencias, e incluso las arrugas de sus pieles resentidas por el paso del tiempo, que es implacable. Ella, con la triste enfermedad del olvido y él con la simple alegría de tenerla día a día. Los dos juntos como han estado los últimos 70 años, mueren lentamente desnudos en la hierba.