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SABER

Hay tanto que saber de ti, tanto que explorar de mi.

Bajo la piel, con el sudor, los gemidos en el aire, sobre el calor que desprende tu cuerpo.
Estoy justo delante de la luz del éxtasis que me provoca pensar en esos actos, los mas impuros, los mas bonitos, los que son íntimos.

El secreto del dúo, la competencia de los tres y la diversión de tantos que desatan su vergüenza, que vencen su miedo y se hacen iguales.

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Ese erótico momento de besos, caricias y abrazos se convierte en la lujuria pura de arañazos, gritos y sudor. Ese instante puro en que su cuerpo deja de ser amado para ser utilizado y esa sensación de deseo ardiente que se apodera de cada uno. El lado oculto que no debe ser ocultado, el punto tabú de la persona, el lugar prohibido para las palabras y el lecho de los pecados capitales. Un golpe de reloj,  un tictac camuflado de gemidos y de aliento, movimientos cautivados e imperfecciones perfectas, donde no importa el como, el donde, el cuando e incluso el quien... donde lo mas importante es tener el clímax final. Tu, yo el mundo incomprendido que tras el velo de la decencia oculta la mas pura versión salvaje de uno mismo, el mas puro sentimiento primitivo que nunca vuela. Esa extraña parte frágil y escondida.

Prisionera

Se sentía prisionera en una cárcel de mentira, con rejas de papel que no rompía por miedo a cortarse con las finas capas de algo que un día fue vida.  Podía rasgar ese papel cuando quisiera y, sin embargo, cada vez que su corazón se resquebrajaba con el siguiente engaño, mas difícil le suponía. Quisiera saber por qué cuando la tuve delante de mi, no le dije las cosas claras, por qué no le planté las mentiras que escribían en su espalda, por qué no fui yo misma la que debilitó las rejas de papel con el agua de la verdad para que pudiese salir. Pero una vez mas me demostró que la débil no era ella, sino yo. Así pues se planto una sonrisa, se bebió una botella de vodka llena de valor y con un tacón reventó esa cárcel.  Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrió, al mirarse al espejo que nos parecíamos, aunque ella era quien de verdad aguantaba los cimientos de mi vida, y que yo en realidad solo pintaba la fachada.
Son dos cuerpos desnudos en la hierba, que acompañan el rugido del silencio, el oleaje del viento y el sentir de la naturaleza rozando sus espaldas. Son dos cuerpos enamorados desde la más tierna infancia, y que comparten su vida hace años, confidencias, experiencias, e incluso las arrugas de sus pieles resentidas por el paso del tiempo, que es implacable. Ella, con la triste enfermedad del olvido y él con la simple alegría de tenerla día a día. Los dos juntos como han estado los últimos 70 años, mueren lentamente desnudos en la hierba.