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Tardes de verano



Como echo de menos las tardes cálidas, los susurros bajitos y al oído, aquella mano fría en pleno julio...

Y sola me di cuenta que significabas más de lo que yo misma creía y nos encontrábamos justo allí, la piel, la brisa, la arena, desnudas.

Bajo el murmullo de gaviotas, tu cuerpo se entrelaza con el mio, los labios yacen mudos, las miradas son las que hablan en aquella playa desierta de personas, inmensa de sentimientos.
La primera vez del resto de mi vida, donde probe el placer, la ternura y la sensualidad (aun siendo yo una de ellas) de la mujer.

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Prisionera

Se sentía prisionera en una cárcel de mentira, con rejas de papel que no rompía por miedo a cortarse con las finas capas de algo que un día fue vida.  Podía rasgar ese papel cuando quisiera y, sin embargo, cada vez que su corazón se resquebrajaba con el siguiente engaño, mas difícil le suponía. Quisiera saber por qué cuando la tuve delante de mi, no le dije las cosas claras, por qué no le planté las mentiras que escribían en su espalda, por qué no fui yo misma la que debilitó las rejas de papel con el agua de la verdad para que pudiese salir. Pero una vez mas me demostró que la débil no era ella, sino yo. Así pues se planto una sonrisa, se bebió una botella de vodka llena de valor y con un tacón reventó esa cárcel.  Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrió, al mirarse al espejo que nos parecíamos, aunque ella era quien de verdad aguantaba los cimientos de mi vida, y que yo en realidad solo pintaba la fachada.
Son dos cuerpos desnudos en la hierba, que acompañan el rugido del silencio, el oleaje del viento y el sentir de la naturaleza rozando sus espaldas. Son dos cuerpos enamorados desde la más tierna infancia, y que comparten su vida hace años, confidencias, experiencias, e incluso las arrugas de sus pieles resentidas por el paso del tiempo, que es implacable. Ella, con la triste enfermedad del olvido y él con la simple alegría de tenerla día a día. Los dos juntos como han estado los últimos 70 años, mueren lentamente desnudos en la hierba.
A veces te miro, te siento, te añoro A veces me pregunto por qué, por qué si, por qué no A veces rio, a veces lloro, o sigo indiferente A veces cuento las horas, los minutos, y segundos A veces creo en ti, en mi, en los dos, en ninguno A veces incluso creo que te quiero...